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jueves, 29 de enero de 2009

Perdimos la intimidad

Hace rato que el destape está enquistado en la sociedad. La TV y las revistas compiten por quién muestra en su pose más audaz, el cuerpo de la mujer del momento, en su versión más descubierta. Y muchas mujeres viven de eso. Esa intimidad la perdimos. Ésa es la más obvia. A mi no me gusta y sin embargo no puedo elegir mirar para otro lado, porque es parte de la cultura y, estando en todos lados, no hay manera de no exponerse.

Pero hoy quiero hablar de otros pequeños actos íntimos de millones de personas que pasan largas horas por semana viajando a su trabajo o a donde sea.

Yo viajo con un libro o mi tejido. Aprovecho el viaje en algo que me gusta y considero productivo. Muchos otros hacen lo mismo. Otros trasladan un pedacito de su intimidad a un espacio público.

Paso a detallarles lo que vi o escuché a lo largo de muchos años pero sobretodo recientemente:

• El MP3 está perforando algunos tímpanos: los tímpanos de los que escuchan la música a todo volumen y los tímpanos de los que, sin auriculares que nos tapen el sonido, escuchamos a todo volumen como, el que lleva el MP3, canta a todo pulmón como si estuviera bajo la ducha.


• La era del celular nos permite estar siempre a unos cuantos botones de charlar con quien sea y donde sea. Ejemplos?
o Mujeres peleando, en subido tono de voz, con su compañero de cama
o Hombres cerrando negocios
o Abogados aconsejando clientes
o Mujeres que cuando se enteran que con su amiga (infiel) "sí pasó y... pasó de todo" aconsejan rápidamente "por seguridad eliminá todos los mensajes de tu celular e indentificalo (a él) en la agenda con nombre de mujer. Por si acaso viste?"



• Mujeres maquillándose. Hace tiempo la mujer se encerraba en el baño y no salía hasta estar presentablemente maquillada. Hoy, algunas mujeres salen como sea y completan “su aspecto” durante el viaje.

• Mujeres pintándose las uñas. No importa el movimiento, no importa el olor. Si para estar presentables hay que tener las uñas pintadas… vale todo.

• Y los hombres no escapan en el cuidado de su aspecto: he visto hombres cortándose las uñas (puaj!)

Todos pequeños actos de nuestra vida privada… pero como total nadie nos conoce… es casi como si estuviéramos solos.

jueves, 22 de enero de 2009

El mundo esta engordando


Esta mañana escuchaba al Dr Cormillot en un noticiero televisivo hablando del peligro de la obesidad y en particular de los altos índices de obesidad infantil en Estados Unidos. Contaba que el 65% de la población sufre de sobrepeso u obesidad y que, si no cambian la manera de alimentarse y el sedentarismo, a este ritmo, para el 2040 el 100% de la población será obesa.

Menuda afirmación, no? Como me inquietó un poco estuve buscando referencias en Internet para ver que tan cierto podía ser y me encontré con un par de noticias del año pasado que transcribo tal cual están publicadas con un link a su página original:

La investigación reveló que el 32 por ciento [de los niños entre 2 y 19 años] entraba en la definición oficial de sobrepeso, el 16 por ciento cumplía el criterio de obesidad y el 11 por ciento se ajustaba a los patrones gubernamentales de obesidad mórbida o extrema.

En el año 2015, el 75 por ciento de los estadounidenses tendrá sobrepeso u obesidad, según un estudio realizado entre otros por la fun de salud TFAH y que dio a conocer hoy el canal ABC

No se que dicen las estadísticas para Argentina pero… no nos engañemos: la tendencia es mundial.

Me vino a la mente la película Wall•E. Cuando la vi en el cine no me gustó: me pareció que mostraba un lado muy mórbido para ser una película para chicos. Pero las tendencias indican que puede ser una realidad. Tal vez sea necesario que muchos dejemos de estar frente a la pantalla y vayamos mas seguido a la plaza a jugar con nuestros hijos.

miércoles, 14 de enero de 2009

Vinieron los Reyes Magos




Me había quedado pendiente contarles como me fue con los Reyes Magos. Fue bastante mas relajado que con Papá Noel. Sobretodo porque la premisa fue: los Reyes no vienen si los chicos no duermen.

Escribimos las cartas correspondientes y le pedimos a un adulto que las envié por correo.


Las compras fueron el mismo lunes a la salida del trabajo y solo necesitamos un poco de estrategia de distracción para entrar a la casa y esconder los paquetes.

Antes de dormir preparamos juntos los zapatos en la puerta de la habitación y decidimos que, como vivimos en departamento y es difícil conseguir pasto para los camellos, nosotros dejaríamos agua, cereales y caramelos para los Reyes. Después de todo, ellos también se cansan de tan larga recorrida alrededor del mundo en una sola noche.

Simple. Y emocionante. ¿Ustedes vieron alguna vez la carita medio dormida de los chicos recién salidos de la cama y con la de sorpresa dibujada en el rostro? El plato y el vaso vacíos y los zapatos escondidos bajo paquetes con moños. Es imperdible!!

Ahora... ustedes saben que los chicos son preguntones. Ante la pregunta obligada de los chicos "¿por qué los zapatos?" Les explicamos que los Reyes saben dónde hay chicos para dejarles regalos y qué regalo deben dejar porque reconocen los zapatos. Pero después tuvimos que explicar por qué los Reyes dejaron regalos en la casa de los abuelos si ellos no habían dejado sus zapatos.

Abuelos, tíos y amigos: si piensan en los regalos piensen con anticipación!! :S

Los adultos somos esclavos de nuestras palabras y los chicos no nos dejan pasar una!!


viernes, 26 de diciembre de 2008

Que dificil es mantener la tradición!


Existe una regla no escrita, a la que todos llamamos “tradición”, que dice que en Nochebuena las familias se juntan a cenar, a la medianoche se hace un brindis por la llegada de la Navidad y es cuando llega Papa Noel con sus regalos para dejarlos bajo el árbol navideño.

Cuando yo era chica, la tradición se resumía a: la comida la preparan las mamás, de la bebida se encargan los papás, y los regalos quedan a cargo de Papa Noel y sus duendes. Punto. Fin de la discusión.

Cuando yo era chica no existía la televisión por cable con infinidad de publicidad, ni los shoppings, ni la computadora, ni Internet. Y en esos tiempos la tradición era más fácil de mantener. Mi abuelo, el carpintero, nos repartía martillos y tablitas a todos por igual y al ruido de las nueces y almendras cascadas, mientras nos concentrábamos en no martillarnos los dedos, Papa Noel dejaba los regalos sin que nadie lo notara.

Ahora que soy grande, he vivido o presenciado varias anécdotas que ponen a prueba nuestra decisión de aferrarnos a la tradición. Les cuento algunas?

Tomas tiene 5 años
- Mamá, por qué hay tanta gente comprando cosas?
- Es que se acerca Navidad (error… nunca se debió hacer referencia a Navidad)
- Pero por qué la gente compra regalos, si los regalos los trae Papá Noel?
- Es que Papá Noel sólo trae juguetes para los chicos. A veces los grandes compramos regalos para otros grandes.
- Juguetes? Pero no siempre trae juguetes!! A mí el año pasado también me trajo una remera…
- …. (si, es mejor callar… )
- Mamá, y si Papá Noel trae los juguetes… por qué las jugueterías están llenas y la gente hace cola en la calle para envolver juguetes?
- … Uh!!! Tenía que llamar a tu padre… dame un rato que después seguimos charlando!!

Sofia tiene 6 años y su tío se disfrazó de Papá Noel para sus sobrinos y unos vecinos del barrio. Para no ser reconocido, sólo hizo una breve aparición por la casa de los sobrinos y salió rápidamente después del típico JO JO JO!! Un par de minutos bastaron para que la perra, alarmada por la llegada del ‘intruso’, se le abalanzara mostrando los dientes hasta que el olfato fue más fuerte que el instinto: pronto se dio cuenta que a “ese” Papá Noel ya lo conocía. Pero ni bien el hombre de traje rojo se fue, Sofía que había mirado la escena a cierta distancia, comentó:
- Mmmm a mi me parece que ese no era Papá Noel: viste que el cinturón era de plástico? El de Papá Noel es de cuero!!

Y los duendes? Que duendes? Los duendes ya fueron! Los chicos ya no creen en los duendes!!

- A Papá Noel, yo le voy a pedir que me compre el juguete de…


Que me compre? Cómo? No era que Papá Noel fabricaba los juguetes en el Polo Norte con los duendes?

Y están los más tecnificados

- Yo le pedí a mi hermano mayor que le mande un mail a Papá Noel
- Mi mamá quería que yo le escriba una carta. Cómo le voy a escribir una carta? Le dije que le mande un mensaje de texto y listo!

Los chicos vienen con todas las antenas y los grandes hablamos en clave. Nos turnamos para salir de compras y hacemos señas desesperadas a los mas despistados que se olvidan que ante la presencia de los chicos… ‘de eso no se habla’.

Este año, en mi familia, logramos mantener la ilusión a fuerza de esconder los regalos y dejar una nota con una pista en el árbol de Navidad… porque no hubo forma que quisieran ir a jugar a otro lado.

Vamos a ver como nos va este año para Reyes. Tendremos que apelar nuevamente a la imaginación y a trucos cada vez mas arriesgados. Después les cuento.

Y a ustedes? Como les fue?

jueves, 24 de julio de 2008

Anecdotas de viaje - Del altar a Los Angeles. Viaje ¿sin escalas?

Casarse es estresante. Saben bien de lo que hablo aquellos que hayan pasado por los preparativos para el civil, la ceremonia religiosa (vestido blanco incluido), la fiesta, la vivienda y la luna de miel (puf!! me cansa de solo recordarlo!).

Nuestro casamiento no escapó a la regla: sencillamente fue peor. Una suma de acontecimientos inesperados complicó todo. Y para que se den una idea, y sólo por nombrar algunos contratiempos, puedo contarles que un esguince de tobillo me obligó a casarme vendada (porque me negué a que me pusieran yeso 20 días antes del “gran día”). La fiesta en la casa de mis suegros requirió de alquiler de todo, absolutamente todo: vajilla, mesas, manteles, sillas, carpa; y la contratación del servicio de catering, mozos, parrilleros, ayudantes, disc-jockey, fotógrafo y demases. ¿Mucho trabajo? Si, y como si esto fuera poco, las cosas inesperadas estaban por empezar: los corderos que venían de Santa Cruz llegaron ese mismo día a las 19 hs. al aeropuerto así que la cena se sirvió a las 3 de la mañana; para esa hora ya se nos había caído la torta y se nos había cortado la luz.

Novios e invitados hicimos oídos sordos a toda adversidad y disfrutamos de la fiesta hasta que el sol ya había asomado… y tomado altura. Doce horas después comenzaba nuestra luna de miel.

Corrían los tiempos de 1 Peso = 1 Dólar y la oportunidad del tipo de cambio nos animó a viajar al exterior para nuestra luna de miel. Previendo el cansancio que la organización del casamiento implicaba - aunque les confieso que no previmos lo suficiente - comenzamos el viaje con unos reconfortantes días en las playas de Cancún con la sola idea de descansar. Y vaya si descansamos!! Dormimos siestas de mañana y de tarde; en las reposeras debajo de una sombrilla o en la habitación con aire acondicionado. No importaba dónde, lo único que importaba era dormir, descansar, no hacer nada y recuperar energías.

Con el cuerpo más relajado y la mente fresca, el resto del viaje consistía en una recorrida en auto por California. Todo estaba reservado. Volamos de Cancún a Miami sin problemas. Pero el vuelo de Miami a Los Angeles se atrasó 5 horas. Entonces llamamos al hotel para confirmar la reserva y hacer nuevos arreglos para el traslado desde el aeropuerto. Nos dijeron que cuando llegáramos a Los Angeles buscáramos una cartelera con el nombre y los datos de contacto de los hoteles y llamáramos desde los teléfonos cercanos a la cartelera. Ellos enviarían una camioneta en menos de 20 minutos.

Llegamos al aeropuerto de Los Angeles cerca de las 3 de la mañana. Nos recogió la camioneta según lo acordado, hicimos el check-in en el hotel, nos instalamos en la habitación, guardamos toda la documentación importante y parte del dinero en la caja fuerte y nos fuimos tranquilamente a dormir. Nos esperaba un día lleno de cosas nuevas para ver, con mucha energía para explorar nuevos lugares y un auto de alquiler reservado en la agencia del aeropuerto.

La siguiente mañana, bien temprano, tomamos el desayuno de cortesía del hotel y pedimos que nos volvieran a llevar con la camioneta al aeropuerto para recoger nuestro auto. El trayecto resultaba aburrido porque se trataba simplemente de una enorme autopista así que dedicamos gran parte del viaje a revisar el mapa que nos habían facilitado en el lobby del hotel.

Ya con el auto disponible empezamos nuestro recorrido por las playas de Santa Monica, donde a pesar del frío mojé mis pies por primera vez en el Pacífico. A la tarde fuimos a Beverly Hills y su mundialmente famosa Rodeo Drive. Pasamos un día maravilloso: caminamos por la playa, recorrimos un barrio increíble, miramos unas vidrieras imposibles y disfrutamos de la suerte que teníamos por tener la oportunidad de conocer todo eso.

Era invierno, y las noches comenzaban muy temprano. Hacia frío y era hora de volver al hotel. Fue recién entonces cuando nos dimos cuenta que la dirección y el teléfono del hotel estaban en la caja fuerte de la habitación junto con nuestra documentación mas preciada. ¡No sabíamos dónde estaba nuestro hotel! Sólo sabíamos cómo se llamaba… pero era una cadena con varios hoteles a lo largo del territorio usualmente conocido como Los Angeles, que en realidad incluye varias pequeñas ciudades.

Sabíamos que el hotel estaba a no más de 20 minutos del aeropuerto y sabíamos que desde el aeropuerto podíamos repetir la llamada de la noche anterior. Así que fuimos al aeropuerto a hacer esa llamada. Entre los nervios por sentirme perdida en Los Angeles y la velocidad del inglés que hablaba la persona que me atendió, no podía entender correctamente las indicaciones para llegar hasta el hotel. Entendía que debía tomar la autopista 405 pero no estaba segura respecto de qué hacer una vez que encontrara la salida que me indicaban –siempre suponiendo que había entendido bien la primera parte-.

Por suerte, el empleado al otro lado del teléfono supo interpretar mi voz al borde de un ataque de nervios y hablando lentamente me pidió que esperara la camioneta del hotel y que ellos nos irían a buscar al aeropuerto. Intenté decirle que yo estaba con auto alquilado pero la respuesta fue la misma: espere en el aeropuerto la camioneta del hotel.

Esperamos obedientes –¿qué más podíamos hacer?-, yo parada en la vereda y mi marido en el estacionamiento mas cercano. Cuando llegó la camioneta del hotel, hice señas, el conductor paró y abrió la puerta.

- ¿Es usted la persona que llamó preguntando como llegar al hotel? – preguntó con una sonrisa franca-.
- Si, fui yo –contesté avergonzada desde la vereda-. Mi marido está en un auto en aquel estacionamiento –dije mientras señalaba al otro lado de la calle.
- ¿Que auto tiene?

Le indiqué marca y color. No soy entendida en autos pero lo recordé porque mi marido lo mencionó un par de veces en la mañana cuando recién salíamos de la agencia de alquiler.

- OK. Los veo a la salida del estacionamiento. Cuando salgan hagan señas de luces y luego síganme. Iré despacio.

Corrí al auto al encuentro de mi marido. Y me sentí como en las películas diciéndole: ¡seguí a esa camioneta! El conductor nos llevó sin sobresaltos hasta el hotel. Dejamos el auto en el estacionamiento y a pesar de nuestra vergüenza nos vimos obligados a entrar al lobby por la única entrada y saludar al conductor de la camioneta que, junto a otro empleado del hotel, nos saludaba con una sonrisa.

Lo primero que hicimos al llegar a la habitación fue buscar en la caja fuerte el papelito con la dirección y el teléfono del hotel y ponerlo entre las cosas que seguro irían con nosotros al día siguiente. De todos modos, era inútil. Ya habíamos memorizado el camino de vuelta.
 
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