martes, 23 de diciembre de 2008

Papa Noel


Me entere que Papa Noel no existe!!! Un horror, no? Tantas ilusiones rotas.... Ahora entiendo por qué tantos deseos de “paz y amor en el mundo” caían año tras año en ‘saco roto’.

Pero el espíritu navideño y los deseos para el nuevo año permancen. Asi que, una vez repuesta de tan terrible noticia, decidí que este año sería mas concreta con mis deseos para el nuevo año.

Les deseo a todos…

Que trabajen menos pero ganen más
Que tengan vacaciones con buen clima y buenos precios
Que la comida les salga rica
Que los hijos no se lleven materias
Que adelgacen esos kilitos que tanto cuestan bajar
Que caminen descalzos por el césped
Que viajen en subte, colectivo y tren sin apretujarse cada día
Que no los engañen
Que disfruten de una noche estrellada como esas que solo se ven en el campo
Que tengan buena compañía
Que pongan manos a la obra para conseguir eso que tanto quieren
Que se levanten con una sonrisa… al menos 4 veces por semana
Que le pongan onda!!
Que se diviertan!!

Un abrazo

jueves, 24 de julio de 2008

Anecdotas de viaje - Del altar a Los Angeles. Viaje ¿sin escalas?

Casarse es estresante. Saben bien de lo que hablo aquellos que hayan pasado por los preparativos para el civil, la ceremonia religiosa (vestido blanco incluido), la fiesta, la vivienda y la luna de miel (puf!! me cansa de solo recordarlo!).

Nuestro casamiento no escapó a la regla: sencillamente fue peor. Una suma de acontecimientos inesperados complicó todo. Y para que se den una idea, y sólo por nombrar algunos contratiempos, puedo contarles que un esguince de tobillo me obligó a casarme vendada (porque me negué a que me pusieran yeso 20 días antes del “gran día”). La fiesta en la casa de mis suegros requirió de alquiler de todo, absolutamente todo: vajilla, mesas, manteles, sillas, carpa; y la contratación del servicio de catering, mozos, parrilleros, ayudantes, disc-jockey, fotógrafo y demases. ¿Mucho trabajo? Si, y como si esto fuera poco, las cosas inesperadas estaban por empezar: los corderos que venían de Santa Cruz llegaron ese mismo día a las 19 hs. al aeropuerto así que la cena se sirvió a las 3 de la mañana; para esa hora ya se nos había caído la torta y se nos había cortado la luz.

Novios e invitados hicimos oídos sordos a toda adversidad y disfrutamos de la fiesta hasta que el sol ya había asomado… y tomado altura. Doce horas después comenzaba nuestra luna de miel.

Corrían los tiempos de 1 Peso = 1 Dólar y la oportunidad del tipo de cambio nos animó a viajar al exterior para nuestra luna de miel. Previendo el cansancio que la organización del casamiento implicaba - aunque les confieso que no previmos lo suficiente - comenzamos el viaje con unos reconfortantes días en las playas de Cancún con la sola idea de descansar. Y vaya si descansamos!! Dormimos siestas de mañana y de tarde; en las reposeras debajo de una sombrilla o en la habitación con aire acondicionado. No importaba dónde, lo único que importaba era dormir, descansar, no hacer nada y recuperar energías.

Con el cuerpo más relajado y la mente fresca, el resto del viaje consistía en una recorrida en auto por California. Todo estaba reservado. Volamos de Cancún a Miami sin problemas. Pero el vuelo de Miami a Los Angeles se atrasó 5 horas. Entonces llamamos al hotel para confirmar la reserva y hacer nuevos arreglos para el traslado desde el aeropuerto. Nos dijeron que cuando llegáramos a Los Angeles buscáramos una cartelera con el nombre y los datos de contacto de los hoteles y llamáramos desde los teléfonos cercanos a la cartelera. Ellos enviarían una camioneta en menos de 20 minutos.

Llegamos al aeropuerto de Los Angeles cerca de las 3 de la mañana. Nos recogió la camioneta según lo acordado, hicimos el check-in en el hotel, nos instalamos en la habitación, guardamos toda la documentación importante y parte del dinero en la caja fuerte y nos fuimos tranquilamente a dormir. Nos esperaba un día lleno de cosas nuevas para ver, con mucha energía para explorar nuevos lugares y un auto de alquiler reservado en la agencia del aeropuerto.

La siguiente mañana, bien temprano, tomamos el desayuno de cortesía del hotel y pedimos que nos volvieran a llevar con la camioneta al aeropuerto para recoger nuestro auto. El trayecto resultaba aburrido porque se trataba simplemente de una enorme autopista así que dedicamos gran parte del viaje a revisar el mapa que nos habían facilitado en el lobby del hotel.

Ya con el auto disponible empezamos nuestro recorrido por las playas de Santa Monica, donde a pesar del frío mojé mis pies por primera vez en el Pacífico. A la tarde fuimos a Beverly Hills y su mundialmente famosa Rodeo Drive. Pasamos un día maravilloso: caminamos por la playa, recorrimos un barrio increíble, miramos unas vidrieras imposibles y disfrutamos de la suerte que teníamos por tener la oportunidad de conocer todo eso.

Era invierno, y las noches comenzaban muy temprano. Hacia frío y era hora de volver al hotel. Fue recién entonces cuando nos dimos cuenta que la dirección y el teléfono del hotel estaban en la caja fuerte de la habitación junto con nuestra documentación mas preciada. ¡No sabíamos dónde estaba nuestro hotel! Sólo sabíamos cómo se llamaba… pero era una cadena con varios hoteles a lo largo del territorio usualmente conocido como Los Angeles, que en realidad incluye varias pequeñas ciudades.

Sabíamos que el hotel estaba a no más de 20 minutos del aeropuerto y sabíamos que desde el aeropuerto podíamos repetir la llamada de la noche anterior. Así que fuimos al aeropuerto a hacer esa llamada. Entre los nervios por sentirme perdida en Los Angeles y la velocidad del inglés que hablaba la persona que me atendió, no podía entender correctamente las indicaciones para llegar hasta el hotel. Entendía que debía tomar la autopista 405 pero no estaba segura respecto de qué hacer una vez que encontrara la salida que me indicaban –siempre suponiendo que había entendido bien la primera parte-.

Por suerte, el empleado al otro lado del teléfono supo interpretar mi voz al borde de un ataque de nervios y hablando lentamente me pidió que esperara la camioneta del hotel y que ellos nos irían a buscar al aeropuerto. Intenté decirle que yo estaba con auto alquilado pero la respuesta fue la misma: espere en el aeropuerto la camioneta del hotel.

Esperamos obedientes –¿qué más podíamos hacer?-, yo parada en la vereda y mi marido en el estacionamiento mas cercano. Cuando llegó la camioneta del hotel, hice señas, el conductor paró y abrió la puerta.

- ¿Es usted la persona que llamó preguntando como llegar al hotel? – preguntó con una sonrisa franca-.
- Si, fui yo –contesté avergonzada desde la vereda-. Mi marido está en un auto en aquel estacionamiento –dije mientras señalaba al otro lado de la calle.
- ¿Que auto tiene?

Le indiqué marca y color. No soy entendida en autos pero lo recordé porque mi marido lo mencionó un par de veces en la mañana cuando recién salíamos de la agencia de alquiler.

- OK. Los veo a la salida del estacionamiento. Cuando salgan hagan señas de luces y luego síganme. Iré despacio.

Corrí al auto al encuentro de mi marido. Y me sentí como en las películas diciéndole: ¡seguí a esa camioneta! El conductor nos llevó sin sobresaltos hasta el hotel. Dejamos el auto en el estacionamiento y a pesar de nuestra vergüenza nos vimos obligados a entrar al lobby por la única entrada y saludar al conductor de la camioneta que, junto a otro empleado del hotel, nos saludaba con una sonrisa.

Lo primero que hicimos al llegar a la habitación fue buscar en la caja fuerte el papelito con la dirección y el teléfono del hotel y ponerlo entre las cosas que seguro irían con nosotros al día siguiente. De todos modos, era inútil. Ya habíamos memorizado el camino de vuelta.
 
argentino.com.ar estamos en
Argentino.com.ar

BlogESfera Directorio de Blogs Hispanos - Agrega tu Blog