jueves, 9 de agosto de 2007

Decir amiga...

La amistad es extraña. En mi caso, en nuestro caso, la amistad creció aún a la distancia.

Hace años trabajábamos juntas codo a codo. Compartimos momentos que siempre recordaremos. Y cuando la rutina diaria ya no nos obligó a vernos cada día, elegimos estar juntas de todos modos. Conversamos de novios o maridos, y de viajes. Compartimos fotos, cumpleaños y muchos mates. Nos ilusionamos con los proyectos que teníamos para nuestras vidas. Y esos proyectos nos condujeron en distintas direcciones.

Mi amiga se mudó lejos en busca de su lugar en el mundo. Entonces no entendí la dimensión de lo que vendría.

Primero fueron mails de tanto en tanto. Encuentros con mate cuando ella volvía por unos cuantos días. Entonces escribíamos largos mails. Y yo le conté de mi embarazo y ella me contó de su relación de pareja. Y yo le conté de mi trabajo y ella de la vida en el ‘Viejo Mundo’. Y yo le conté y ella me contó.

Luego mi familia y yo, tuvimos la oportunidad de visitarla. Y nos recibió con los brazos abiertos y nos acompañó y nos mimó mucho. Nos hizo sentir en un rincón de nuestra propia casa, aunque a miles de kilómetros de nuestro hogar.

Entonces descubrimos el chat en Internet y ya no hubo vuelta atrás. Los mails se transformaron en charla on-line y esta magia de la Internet nos permitió compartir una vez mas el día a día, como aquellos días en los que trabajábamos juntas. Y se acabó el ‘le conté y me contó’ porque nacieron conversaciones interminables donde nuestras vidas volvieron a mezclarse y ensamblarse como las perfectas piezas de un rompecabezas..

La vida nos regaló un montón de momentos felices. Pero también unos cuantos dolorosos, muy dolorosos. Y todos esos momentos los compartimos. Porque elegimos compartirlos y la distancia no importó. Teníamos el chat, el mail o el teléfono. Ambas crecimos. Y con la madurez ganada, maduró nuestra amistad.

Hoy, ella es la depositaria de mis temores y de mis alegrías. De mis más profundos pensamientos y de muchos de mis secretos. Hoy, siento la necesidad de abrirle mi corazón y mis pensamientos porque sé que ella me entiende y no me juzga.

La amistad es extraña. Mi amiga se mudo lejos y ahora entiendo la dimensión de lo que vino. Nuestra amistad se hizo más fuerte y más hermosa. Creció porque la alimentamos. Maduró.

Serrat canta en una de sus canciones sobre la amistad: ‘Dios y mi canto, saben a quien nombro tanto’. En mi caso, estoy segura de que mi amiga también.

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