jueves, 19 de febrero de 2009

Me mudé

Me mudé. Y mudarme me costó sangre, sudor y lágrimas. Lágrimas por la movida, por el cansancio, por el esfuerzo y las horas sin dormir, por la emoción, porque me mudo a otra ciudad. Sudor porque me mudé en enero, un enero de calor, sin aire acondicionado y sin ventilador de techo (los últimos dos días ya estaban desarmados y en una caja). Sangre porque mis ciclos femeninos son tan, pero tan oportunos, que ‘me vino’ un día antes de cargar el camión.

Tengo algunas imágenes que no quiero olvidar….

Cajas y cajas… que durante varios días salimos a ‘cartonear’ por el barrio. Teníamos más de 90 cajas chicas, medianas y grandes apiladas en el living y en el dormitorio. Un caos de cosas embaladas entre las que apenas se podía circular.

Cansancio que no deja ni pensar. Tanto así que la última noche me metí a la ducha con el corpiño puesto. :S

El camión repleto de cosas y lo último que se cargó: la bicicleta y mis plantas.

El departamento que nos vio nacer como familia, ahora vacío. Emoción.

Mi hijo que durmió en la casa de la abuela y que al despedirse me dijo: ‘Mamá... cuidate’ (y después decimos que los chicos no entienden…)

La despedida. Emoción.

El viaje.

La nueva casa: grande y luminosa.

La llegada del camión con toda nuestra vida a cuestas.

Cajas y más cajas en el living por el que no se podía circular y la historia se repite… cansancio y más cansancio.

Mi hijo jugando libre. Felicidad.

Nueva vida.

jueves, 29 de enero de 2009

Perdimos la intimidad

Hace rato que el destape está enquistado en la sociedad. La TV y las revistas compiten por quién muestra en su pose más audaz, el cuerpo de la mujer del momento, en su versión más descubierta. Y muchas mujeres viven de eso. Esa intimidad la perdimos. Ésa es la más obvia. A mi no me gusta y sin embargo no puedo elegir mirar para otro lado, porque es parte de la cultura y, estando en todos lados, no hay manera de no exponerse.

Pero hoy quiero hablar de otros pequeños actos íntimos de millones de personas que pasan largas horas por semana viajando a su trabajo o a donde sea.

Yo viajo con un libro o mi tejido. Aprovecho el viaje en algo que me gusta y considero productivo. Muchos otros hacen lo mismo. Otros trasladan un pedacito de su intimidad a un espacio público.

Paso a detallarles lo que vi o escuché a lo largo de muchos años pero sobretodo recientemente:

• El MP3 está perforando algunos tímpanos: los tímpanos de los que escuchan la música a todo volumen y los tímpanos de los que, sin auriculares que nos tapen el sonido, escuchamos a todo volumen como, el que lleva el MP3, canta a todo pulmón como si estuviera bajo la ducha.


• La era del celular nos permite estar siempre a unos cuantos botones de charlar con quien sea y donde sea. Ejemplos?
o Mujeres peleando, en subido tono de voz, con su compañero de cama
o Hombres cerrando negocios
o Abogados aconsejando clientes
o Mujeres que cuando se enteran que con su amiga (infiel) "sí pasó y... pasó de todo" aconsejan rápidamente "por seguridad eliminá todos los mensajes de tu celular e indentificalo (a él) en la agenda con nombre de mujer. Por si acaso viste?"



• Mujeres maquillándose. Hace tiempo la mujer se encerraba en el baño y no salía hasta estar presentablemente maquillada. Hoy, algunas mujeres salen como sea y completan “su aspecto” durante el viaje.

• Mujeres pintándose las uñas. No importa el movimiento, no importa el olor. Si para estar presentables hay que tener las uñas pintadas… vale todo.

• Y los hombres no escapan en el cuidado de su aspecto: he visto hombres cortándose las uñas (puaj!)

Todos pequeños actos de nuestra vida privada… pero como total nadie nos conoce… es casi como si estuviéramos solos.

jueves, 22 de enero de 2009

El mundo esta engordando


Esta mañana escuchaba al Dr Cormillot en un noticiero televisivo hablando del peligro de la obesidad y en particular de los altos índices de obesidad infantil en Estados Unidos. Contaba que el 65% de la población sufre de sobrepeso u obesidad y que, si no cambian la manera de alimentarse y el sedentarismo, a este ritmo, para el 2040 el 100% de la población será obesa.

Menuda afirmación, no? Como me inquietó un poco estuve buscando referencias en Internet para ver que tan cierto podía ser y me encontré con un par de noticias del año pasado que transcribo tal cual están publicadas con un link a su página original:

La investigación reveló que el 32 por ciento [de los niños entre 2 y 19 años] entraba en la definición oficial de sobrepeso, el 16 por ciento cumplía el criterio de obesidad y el 11 por ciento se ajustaba a los patrones gubernamentales de obesidad mórbida o extrema.

En el año 2015, el 75 por ciento de los estadounidenses tendrá sobrepeso u obesidad, según un estudio realizado entre otros por la fun de salud TFAH y que dio a conocer hoy el canal ABC

No se que dicen las estadísticas para Argentina pero… no nos engañemos: la tendencia es mundial.

Me vino a la mente la película Wall•E. Cuando la vi en el cine no me gustó: me pareció que mostraba un lado muy mórbido para ser una película para chicos. Pero las tendencias indican que puede ser una realidad. Tal vez sea necesario que muchos dejemos de estar frente a la pantalla y vayamos mas seguido a la plaza a jugar con nuestros hijos.

miércoles, 14 de enero de 2009

Vinieron los Reyes Magos




Me había quedado pendiente contarles como me fue con los Reyes Magos. Fue bastante mas relajado que con Papá Noel. Sobretodo porque la premisa fue: los Reyes no vienen si los chicos no duermen.

Escribimos las cartas correspondientes y le pedimos a un adulto que las envié por correo.


Las compras fueron el mismo lunes a la salida del trabajo y solo necesitamos un poco de estrategia de distracción para entrar a la casa y esconder los paquetes.

Antes de dormir preparamos juntos los zapatos en la puerta de la habitación y decidimos que, como vivimos en departamento y es difícil conseguir pasto para los camellos, nosotros dejaríamos agua, cereales y caramelos para los Reyes. Después de todo, ellos también se cansan de tan larga recorrida alrededor del mundo en una sola noche.

Simple. Y emocionante. ¿Ustedes vieron alguna vez la carita medio dormida de los chicos recién salidos de la cama y con la de sorpresa dibujada en el rostro? El plato y el vaso vacíos y los zapatos escondidos bajo paquetes con moños. Es imperdible!!

Ahora... ustedes saben que los chicos son preguntones. Ante la pregunta obligada de los chicos "¿por qué los zapatos?" Les explicamos que los Reyes saben dónde hay chicos para dejarles regalos y qué regalo deben dejar porque reconocen los zapatos. Pero después tuvimos que explicar por qué los Reyes dejaron regalos en la casa de los abuelos si ellos no habían dejado sus zapatos.

Abuelos, tíos y amigos: si piensan en los regalos piensen con anticipación!! :S

Los adultos somos esclavos de nuestras palabras y los chicos no nos dejan pasar una!!


viernes, 26 de diciembre de 2008

Que dificil es mantener la tradición!


Existe una regla no escrita, a la que todos llamamos “tradición”, que dice que en Nochebuena las familias se juntan a cenar, a la medianoche se hace un brindis por la llegada de la Navidad y es cuando llega Papa Noel con sus regalos para dejarlos bajo el árbol navideño.

Cuando yo era chica, la tradición se resumía a: la comida la preparan las mamás, de la bebida se encargan los papás, y los regalos quedan a cargo de Papa Noel y sus duendes. Punto. Fin de la discusión.

Cuando yo era chica no existía la televisión por cable con infinidad de publicidad, ni los shoppings, ni la computadora, ni Internet. Y en esos tiempos la tradición era más fácil de mantener. Mi abuelo, el carpintero, nos repartía martillos y tablitas a todos por igual y al ruido de las nueces y almendras cascadas, mientras nos concentrábamos en no martillarnos los dedos, Papa Noel dejaba los regalos sin que nadie lo notara.

Ahora que soy grande, he vivido o presenciado varias anécdotas que ponen a prueba nuestra decisión de aferrarnos a la tradición. Les cuento algunas?

Tomas tiene 5 años
- Mamá, por qué hay tanta gente comprando cosas?
- Es que se acerca Navidad (error… nunca se debió hacer referencia a Navidad)
- Pero por qué la gente compra regalos, si los regalos los trae Papá Noel?
- Es que Papá Noel sólo trae juguetes para los chicos. A veces los grandes compramos regalos para otros grandes.
- Juguetes? Pero no siempre trae juguetes!! A mí el año pasado también me trajo una remera…
- …. (si, es mejor callar… )
- Mamá, y si Papá Noel trae los juguetes… por qué las jugueterías están llenas y la gente hace cola en la calle para envolver juguetes?
- … Uh!!! Tenía que llamar a tu padre… dame un rato que después seguimos charlando!!

Sofia tiene 6 años y su tío se disfrazó de Papá Noel para sus sobrinos y unos vecinos del barrio. Para no ser reconocido, sólo hizo una breve aparición por la casa de los sobrinos y salió rápidamente después del típico JO JO JO!! Un par de minutos bastaron para que la perra, alarmada por la llegada del ‘intruso’, se le abalanzara mostrando los dientes hasta que el olfato fue más fuerte que el instinto: pronto se dio cuenta que a “ese” Papá Noel ya lo conocía. Pero ni bien el hombre de traje rojo se fue, Sofía que había mirado la escena a cierta distancia, comentó:
- Mmmm a mi me parece que ese no era Papá Noel: viste que el cinturón era de plástico? El de Papá Noel es de cuero!!

Y los duendes? Que duendes? Los duendes ya fueron! Los chicos ya no creen en los duendes!!

- A Papá Noel, yo le voy a pedir que me compre el juguete de…


Que me compre? Cómo? No era que Papá Noel fabricaba los juguetes en el Polo Norte con los duendes?

Y están los más tecnificados

- Yo le pedí a mi hermano mayor que le mande un mail a Papá Noel
- Mi mamá quería que yo le escriba una carta. Cómo le voy a escribir una carta? Le dije que le mande un mensaje de texto y listo!

Los chicos vienen con todas las antenas y los grandes hablamos en clave. Nos turnamos para salir de compras y hacemos señas desesperadas a los mas despistados que se olvidan que ante la presencia de los chicos… ‘de eso no se habla’.

Este año, en mi familia, logramos mantener la ilusión a fuerza de esconder los regalos y dejar una nota con una pista en el árbol de Navidad… porque no hubo forma que quisieran ir a jugar a otro lado.

Vamos a ver como nos va este año para Reyes. Tendremos que apelar nuevamente a la imaginación y a trucos cada vez mas arriesgados. Después les cuento.

Y a ustedes? Como les fue?

martes, 23 de diciembre de 2008

Papa Noel


Me entere que Papa Noel no existe!!! Un horror, no? Tantas ilusiones rotas.... Ahora entiendo por qué tantos deseos de “paz y amor en el mundo” caían año tras año en ‘saco roto’.

Pero el espíritu navideño y los deseos para el nuevo año permancen. Asi que, una vez repuesta de tan terrible noticia, decidí que este año sería mas concreta con mis deseos para el nuevo año.

Les deseo a todos…

Que trabajen menos pero ganen más
Que tengan vacaciones con buen clima y buenos precios
Que la comida les salga rica
Que los hijos no se lleven materias
Que adelgacen esos kilitos que tanto cuestan bajar
Que caminen descalzos por el césped
Que viajen en subte, colectivo y tren sin apretujarse cada día
Que no los engañen
Que disfruten de una noche estrellada como esas que solo se ven en el campo
Que tengan buena compañía
Que pongan manos a la obra para conseguir eso que tanto quieren
Que se levanten con una sonrisa… al menos 4 veces por semana
Que le pongan onda!!
Que se diviertan!!

Un abrazo

jueves, 24 de julio de 2008

Anecdotas de viaje - Del altar a Los Angeles. Viaje ¿sin escalas?

Casarse es estresante. Saben bien de lo que hablo aquellos que hayan pasado por los preparativos para el civil, la ceremonia religiosa (vestido blanco incluido), la fiesta, la vivienda y la luna de miel (puf!! me cansa de solo recordarlo!).

Nuestro casamiento no escapó a la regla: sencillamente fue peor. Una suma de acontecimientos inesperados complicó todo. Y para que se den una idea, y sólo por nombrar algunos contratiempos, puedo contarles que un esguince de tobillo me obligó a casarme vendada (porque me negué a que me pusieran yeso 20 días antes del “gran día”). La fiesta en la casa de mis suegros requirió de alquiler de todo, absolutamente todo: vajilla, mesas, manteles, sillas, carpa; y la contratación del servicio de catering, mozos, parrilleros, ayudantes, disc-jockey, fotógrafo y demases. ¿Mucho trabajo? Si, y como si esto fuera poco, las cosas inesperadas estaban por empezar: los corderos que venían de Santa Cruz llegaron ese mismo día a las 19 hs. al aeropuerto así que la cena se sirvió a las 3 de la mañana; para esa hora ya se nos había caído la torta y se nos había cortado la luz.

Novios e invitados hicimos oídos sordos a toda adversidad y disfrutamos de la fiesta hasta que el sol ya había asomado… y tomado altura. Doce horas después comenzaba nuestra luna de miel.

Corrían los tiempos de 1 Peso = 1 Dólar y la oportunidad del tipo de cambio nos animó a viajar al exterior para nuestra luna de miel. Previendo el cansancio que la organización del casamiento implicaba - aunque les confieso que no previmos lo suficiente - comenzamos el viaje con unos reconfortantes días en las playas de Cancún con la sola idea de descansar. Y vaya si descansamos!! Dormimos siestas de mañana y de tarde; en las reposeras debajo de una sombrilla o en la habitación con aire acondicionado. No importaba dónde, lo único que importaba era dormir, descansar, no hacer nada y recuperar energías.

Con el cuerpo más relajado y la mente fresca, el resto del viaje consistía en una recorrida en auto por California. Todo estaba reservado. Volamos de Cancún a Miami sin problemas. Pero el vuelo de Miami a Los Angeles se atrasó 5 horas. Entonces llamamos al hotel para confirmar la reserva y hacer nuevos arreglos para el traslado desde el aeropuerto. Nos dijeron que cuando llegáramos a Los Angeles buscáramos una cartelera con el nombre y los datos de contacto de los hoteles y llamáramos desde los teléfonos cercanos a la cartelera. Ellos enviarían una camioneta en menos de 20 minutos.

Llegamos al aeropuerto de Los Angeles cerca de las 3 de la mañana. Nos recogió la camioneta según lo acordado, hicimos el check-in en el hotel, nos instalamos en la habitación, guardamos toda la documentación importante y parte del dinero en la caja fuerte y nos fuimos tranquilamente a dormir. Nos esperaba un día lleno de cosas nuevas para ver, con mucha energía para explorar nuevos lugares y un auto de alquiler reservado en la agencia del aeropuerto.

La siguiente mañana, bien temprano, tomamos el desayuno de cortesía del hotel y pedimos que nos volvieran a llevar con la camioneta al aeropuerto para recoger nuestro auto. El trayecto resultaba aburrido porque se trataba simplemente de una enorme autopista así que dedicamos gran parte del viaje a revisar el mapa que nos habían facilitado en el lobby del hotel.

Ya con el auto disponible empezamos nuestro recorrido por las playas de Santa Monica, donde a pesar del frío mojé mis pies por primera vez en el Pacífico. A la tarde fuimos a Beverly Hills y su mundialmente famosa Rodeo Drive. Pasamos un día maravilloso: caminamos por la playa, recorrimos un barrio increíble, miramos unas vidrieras imposibles y disfrutamos de la suerte que teníamos por tener la oportunidad de conocer todo eso.

Era invierno, y las noches comenzaban muy temprano. Hacia frío y era hora de volver al hotel. Fue recién entonces cuando nos dimos cuenta que la dirección y el teléfono del hotel estaban en la caja fuerte de la habitación junto con nuestra documentación mas preciada. ¡No sabíamos dónde estaba nuestro hotel! Sólo sabíamos cómo se llamaba… pero era una cadena con varios hoteles a lo largo del territorio usualmente conocido como Los Angeles, que en realidad incluye varias pequeñas ciudades.

Sabíamos que el hotel estaba a no más de 20 minutos del aeropuerto y sabíamos que desde el aeropuerto podíamos repetir la llamada de la noche anterior. Así que fuimos al aeropuerto a hacer esa llamada. Entre los nervios por sentirme perdida en Los Angeles y la velocidad del inglés que hablaba la persona que me atendió, no podía entender correctamente las indicaciones para llegar hasta el hotel. Entendía que debía tomar la autopista 405 pero no estaba segura respecto de qué hacer una vez que encontrara la salida que me indicaban –siempre suponiendo que había entendido bien la primera parte-.

Por suerte, el empleado al otro lado del teléfono supo interpretar mi voz al borde de un ataque de nervios y hablando lentamente me pidió que esperara la camioneta del hotel y que ellos nos irían a buscar al aeropuerto. Intenté decirle que yo estaba con auto alquilado pero la respuesta fue la misma: espere en el aeropuerto la camioneta del hotel.

Esperamos obedientes –¿qué más podíamos hacer?-, yo parada en la vereda y mi marido en el estacionamiento mas cercano. Cuando llegó la camioneta del hotel, hice señas, el conductor paró y abrió la puerta.

- ¿Es usted la persona que llamó preguntando como llegar al hotel? – preguntó con una sonrisa franca-.
- Si, fui yo –contesté avergonzada desde la vereda-. Mi marido está en un auto en aquel estacionamiento –dije mientras señalaba al otro lado de la calle.
- ¿Que auto tiene?

Le indiqué marca y color. No soy entendida en autos pero lo recordé porque mi marido lo mencionó un par de veces en la mañana cuando recién salíamos de la agencia de alquiler.

- OK. Los veo a la salida del estacionamiento. Cuando salgan hagan señas de luces y luego síganme. Iré despacio.

Corrí al auto al encuentro de mi marido. Y me sentí como en las películas diciéndole: ¡seguí a esa camioneta! El conductor nos llevó sin sobresaltos hasta el hotel. Dejamos el auto en el estacionamiento y a pesar de nuestra vergüenza nos vimos obligados a entrar al lobby por la única entrada y saludar al conductor de la camioneta que, junto a otro empleado del hotel, nos saludaba con una sonrisa.

Lo primero que hicimos al llegar a la habitación fue buscar en la caja fuerte el papelito con la dirección y el teléfono del hotel y ponerlo entre las cosas que seguro irían con nosotros al día siguiente. De todos modos, era inútil. Ya habíamos memorizado el camino de vuelta.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Dónde esta tu alma?

A veces una lee una genialidad y no puede menos que compartirla. Miguel Brascó y su columna en la revista dominical del diario La Nación de Buenos Aires, me mostraron cómo se pone en palabras eso que se siente muchas veces.

Sito textual unas palabras de su columna de la edición del 9 de diciembre de 2007: “… el escultor Jorge Michel observó una vez que ahora todos viajamos en jet-line; pero nuestra alma, que aun nos sigue, viaja en burro. Llegados a destino, ¿qué hacer sino esperarla con algún desasosiego hasta que llegue?... ”

Pero no hay que viajar en jet para experimentarlo. Estoy segura que aun los que viajamos al trabajo todos los días en subte o colectivo, tuvimos esa sensación miles de veces. Yo tengo muchas veces la sensación de que mi alma se quedó en casa. En la cama calentita, leyendo un libro, jugando con mi hijo, viéndolo crecer.

Esa sensación de saberse en el trabajo pero con la cabeza –y el alma-, en otro lado. Porque se acerca la fecha del viaje o de un cumpleaños; porque tengo que hacer un disfraz para la fiesta; porque a mi chiquito lo dejé con fiebre. Porque tengo los pechos duros de tanta leche y no veo la hora que volver a casa. Porque la plata no alcanza pero las ganas sobran. Porque me peleé ayer; porque me besó anoche.

El alma viaja en burro mas seguido de lo que pensamos. Y, a veces, espera a que la llamemos y le insistamos en venir. Y, si me permiten que les cuente, mi alma a veces se niega a viajar. Prefiere quedarse en un paisaje maravilloso de lagos y montañas con un arroyo que corre fresco con su arrullo entre las piedras. Otros días se va al parque o se queda a mirar como llueve desde los ventanales de una cabaña con hogar a leña. Esos días me verán en el trabajo con la mirada perdida insistiéndole a mi alma para que se reencuentre conmigo. Otras veces me resigno y simplemente trabajo… con mi alma en otro lado.

Esos días en que mi alma no me alcanza, ni siquiera en burro, yo la dejo pasear. Y en cuanto puedo, salgo a su encuentro. No importa donde esté, salgo a buscarla en jet porque… saben? mi alma suele estar en lugares maravillosos.

viernes, 17 de agosto de 2007

Otros tiempos

¿Cuál es la brecha entre mi generación y la que me sigue? El tiempo. Y no los años.

La generación que me sigue es la generación del celular, la computadora y el mp3. Los chicos están acostumbrados a que todo es instantáneo. Es la generación de lo rápido y lo chiquito.

En la generación de mis padres la radio se prendía pero había que esperar a que se calienten las válvulas para poder escuchar. El radio-teatro reunía a la familia y las señoritas dejaban escapar un suspiro… por su imaginación porque sólo era sonido e imaginación.
En la generación de mis padres la gente escribía cartas y caminaba hasta el correo. La carta tomaba un barco de ida y otro de vuelta y la respuesta podía llegar meses después.

Mi generación es la generación de la televisión de 4 canales limitados por horario. Es la generación del teléfono. Es la generación de sacar una foto hoy… y esperar 2 semanas a que se revele el negativo y se copie en papel.

Los chicos de hoy quieren que todo sea YA. Los mensajes son ‘instantáneos’, la Internet debe ser de banda ancha… y cuanto mas ancha mejor porque eso significa que será mucho mas rápida. Los mails hay que leerlos y contestarlos hoy, por eso se conectan a cada rato para verificar si les llego algo. No les interesa jugar: les interesa ganar. Pasar al siguiente nivel, matar a más soldados y avanzar y avanzar; sin pensar. No tienen la paciencia de pasar por los procesos de aprendizaje y de elaboración. Por eso muchos de ellos no leen. La lectura se saborea con el tiempo. Se lee un capítulo hoy… y otro mañana. El libro nos acompaña algunos días. Los jóvenes de hoy no pueden pasar por ese proceso. Es más fuerte que ellos.

Para ellos la música viene en formato comprimido y se escucha a donde quiera que vayan porque el mp3 es diminuto. (Algunos de los que me leen recordarán ‘el combinado’ y se que reirán conmigo). Para ellos sacar una foto es mirarla ahora para ver como quedó. Para ellos al sexo se llega en la primera cita.

No niego la tecnología. Vivo de ella y con ella. Amo navegar la Internet y tener toda esa información a mi alcance. Pero también me gustan los viajes largos en auto; mirar por la ventana cómo pasan y cambian los paisajes. Me gusta rodar esos paisajes. Me gusta tejer punto tras punto y vuelta tras vuelta: ver crecer el tejido de a poquito. Me gusta leer: que el libro viaje conmigo al trabajo varios días o semanas. Y me gusta caminar despacio.

Los más pequeños de hoy, mantienen la televisión prendida mientras saltan por los sillones con un avioncito en la mano. Los más grandes juegan con la computadora en red al tiempo que hablan por teléfono o mandan mensajes con el celular. Hay que hacerlo ahora. Y si es necesario, se hace más de una cosa a la vez. Reflejos más que reflexión.

A mi me gusta ver la puesta del sol. Y la comida casera: el pan amasado en casa, la levadura que trabaja para hacer crecer el bollo, el olorcito… Me gusta regar las plantas todo el invierno, para que tengan flores en la primavera.

‘Tiempo al tiempo’ decía mi abuelo. Pero hoy el tiempo se mide distinto. Las manecillas del reloj son muy lentas.

La brecha entre mi generación y la que me sigue está en el tiempo… y no en los años.

jueves, 9 de agosto de 2007

Decir amiga...

La amistad es extraña. En mi caso, en nuestro caso, la amistad creció aún a la distancia.

Hace años trabajábamos juntas codo a codo. Compartimos momentos que siempre recordaremos. Y cuando la rutina diaria ya no nos obligó a vernos cada día, elegimos estar juntas de todos modos. Conversamos de novios o maridos, y de viajes. Compartimos fotos, cumpleaños y muchos mates. Nos ilusionamos con los proyectos que teníamos para nuestras vidas. Y esos proyectos nos condujeron en distintas direcciones.

Mi amiga se mudó lejos en busca de su lugar en el mundo. Entonces no entendí la dimensión de lo que vendría.

Primero fueron mails de tanto en tanto. Encuentros con mate cuando ella volvía por unos cuantos días. Entonces escribíamos largos mails. Y yo le conté de mi embarazo y ella me contó de su relación de pareja. Y yo le conté de mi trabajo y ella de la vida en el ‘Viejo Mundo’. Y yo le conté y ella me contó.

Luego mi familia y yo, tuvimos la oportunidad de visitarla. Y nos recibió con los brazos abiertos y nos acompañó y nos mimó mucho. Nos hizo sentir en un rincón de nuestra propia casa, aunque a miles de kilómetros de nuestro hogar.

Entonces descubrimos el chat en Internet y ya no hubo vuelta atrás. Los mails se transformaron en charla on-line y esta magia de la Internet nos permitió compartir una vez mas el día a día, como aquellos días en los que trabajábamos juntas. Y se acabó el ‘le conté y me contó’ porque nacieron conversaciones interminables donde nuestras vidas volvieron a mezclarse y ensamblarse como las perfectas piezas de un rompecabezas..

La vida nos regaló un montón de momentos felices. Pero también unos cuantos dolorosos, muy dolorosos. Y todos esos momentos los compartimos. Porque elegimos compartirlos y la distancia no importó. Teníamos el chat, el mail o el teléfono. Ambas crecimos. Y con la madurez ganada, maduró nuestra amistad.

Hoy, ella es la depositaria de mis temores y de mis alegrías. De mis más profundos pensamientos y de muchos de mis secretos. Hoy, siento la necesidad de abrirle mi corazón y mis pensamientos porque sé que ella me entiende y no me juzga.

La amistad es extraña. Mi amiga se mudo lejos y ahora entiendo la dimensión de lo que vino. Nuestra amistad se hizo más fuerte y más hermosa. Creció porque la alimentamos. Maduró.

Serrat canta en una de sus canciones sobre la amistad: ‘Dios y mi canto, saben a quien nombro tanto’. En mi caso, estoy segura de que mi amiga también.

jueves, 2 de agosto de 2007

Sin latidos

Diagnóstico médico especializado: “El embrión que llevas dentro debería tener 12 semanas pero tiene el desarrollo de 7 y no tiene actividad cardíaca.” PAF!! Directo al corazón.

Después... se nubla la vista, se aflojan las piernas y sólo hay ganas de llorar. Y llorar sin importar nada. No hay palabras, no hay vasito de agua ni salita privada que nos devuelva a la vida a mi marido y a mi. Por un momento todo está negro.

Claro que después juega la razón. Uno se aferra a la vida, a la ciencia y a la fe. Y la ciencia dice que la naturaleza es sabia y si el embarazo se interrumpió es porque no era compatible con la vida. Y la fe dice que si Dios esta vez no lo quiso ya nos dará exactamente lo que necesitemos cuando lo necesitemos. Y la vida me dice que tengo un hijo hermoso de 3 años y un maravilloso marido.

Pero saben que dice mi corazón? Que se murió mi bebé. Que esa ilusión y esos planes y ese calendario mental (y hormonal) se estrellaron contra un paredón. Y duele. Duele como la puta madre. Mi corazón dice que llevé a mi bebé sin vida en el vientre por varias semanas. Y por varios días más, después de la triste noticia.

Tengo 41 años, una trompa irremediablemente tapada, unas inmensas ganas de ser mamá otra vez y todas las estadísticas en contra. Ser mamá después de los 35 años es mucho menos probable que a los 27. Y con una trompa obstruida... bueno... será mucho mas difícil. Pero aun así, si lo logras, después de los 40 aumenta las posibilidades de que tu bebé tenga problemas genéticos. Y los estudios para el diagnóstico temprano de esos problemas conllevan riesgos de pérdida de embarazo. Mamás de mas de 40 hay muchas. Pero la medicina y las estadísticas están ahí para recordarme que es difícil. Y amigos y familia está ahí para recordarme que la mujer con su cabeza y su psiquis es la que muchas veces permite o no quedar embarazada. Y mi cabeza da vueltas.

Y mi corazón... mi corazón vuelve a decir... como duele, la puta madre!! Soy mala actriz. Se me nota en la cara el dolor. Es el duelo que debo vivir. Y que quiero respetar. Se que si no paso por este duelo nunca se acabará el dolor. Entonces vuelvo a llorar. Pero también a agradecer. Estoy muy dolida pero también muy agradecida. Agradecida a mi marido que es mi sostén; que sufre como yo, pero igual me sostiene; que lloró como yo, pero es más fuerte. Agradecida a mi médico que me acompañó y me llamó y consiguió el quirófano necesario cuando no se conseguía. Agradecida a Dios y a la vida porque tengo un hijo maravilloso y puedo aferrarme a la idea de que aún con las estadísticas en contra, mi embarazo fue posible.

Sigue doliendo. No lo voy a negar. Es un momento de la vida que tengo que pasar. Y pensar en positivo. “La razón tiene razones que el corazón no entiende” Pero a lo mejor si me mantengo pensando en positivo lo convenzo a mi corazón de que deje de llorar.
 
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